Blas Piñar y la Iglesia – enero 2026
En el día del duodécimo aniversario de su muerte, Infovaticana se adentra en la figura de un español clave para entender la historia reciente de España y de la Iglesia.
En el día del duodécimo aniversario de su muerte, Infovaticana se adentra en la figura de un español clave para entender la historia reciente de España y de la Iglesia.
Amigos de Europa, españoles: posiblemente el acto que ahora celebramos constituya la prueba de hermandad más sincera, más sólida y más auténtica que se haya dado jamás entre los pueblos que constituyen la vieja Europa.
El pasado 30 de enero de 2024, en conmemoración al décimo aniversario de la muerte de Blas Piñar (28 de enero de 2014), se llevó a cabo un homenaje con una conferencia titulada: Contra viento y marea: Blas Piñar, una vida al servicio de España.
José Antonio y Franco no son figuras contrapuestas o dispares, aunque sean distintos. Son convergentes. Si uno fue el fundador, el creador, de una parte, y recreador con matices nuevos, de otra, de un esquema doctrinal váli¬do para la España de su tiempo y para la España de hoy, Franco fue, primero, el soldado victorioso, y luego, el artífice que trató de hacerlo realidad en un mundo hostil, en una nación comida por la miseria y con unos colaboradores que no fueron, sobre todo en la última época, ni excelentes ni leales.
¡Europeos y americanos que amáis a España, y que en la hora de la vergüenza, de la cobardía y del miedo, y a pesar de las amenazas de que ha sido portavoz el "Diario 16", el periódico de la libertad sin ira, rendís con nosotros homenaje público a esas dos figuras, señeras y ya universales por ser auténticamente españoles, de José Antonio y de Francisco Franco!
Con la perspectiva histórica que los veinticinco años transcurridos desde la liberación del Alcázar toledano, puede afirmarse que aquella gesta heroica y gloriosa constituye un auténtico símbolo.
A la demostración de afecto de mi ciudad, que significa el acto que acaba de celebrarse en el Ayuntamiento, sigue el que ahora nos reúne en esta Venta típica, tan ligada a la historia última de Toledo, y en el que Abel de la Cruz, en nombre de la Hermandad de Santa María del Alcázar, me entrega el título -que, conforme a sus Estatutos, y como hijo varón y mayor de mi padre- de derecho me corresponde.
¡Oh inmaculada y purísima Virgen María, Madre de Dios y Reina de los Apóstoles! En este día feliz en el cual se cumple el XIX Centenario de vuestra venida en carne mortal a Zaragoza, los jóvenes católicos de la diócesis de Toledo venimos a consagrarte la labor del presente año de 1.940.
No me es fácil sustraerme a la emoción de hablar en Toledo, donde están mis raíces, parte de mi infancia y de mi adolescencia, las tumbas de mis padres y de mis abuelos y la pequeña historia, llena de recuerdos indelebles de mi propia biografía.
A la distancia de sesenta años, la reflexión sobre un acontecimiento histórico decisivo como lo fue, sin duda, el 18 de julio de 1.936, es más ecuánime, serena y objetiva. La lógica pasión de aquel momento no puede eludirse, porque impactó, dejando una huella profunda, en quienes, con una u otra edad, y en uno y otro banco, lo vivimos. Pero el tiempo, para los que no olvidamos, perfila los hechos, descubre su origen, los valora y saca las debidas conclusiones.
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