
Torquato Fernández Miranda
Conocí a Torcuato Fernández-Miranda Hevia en el colegio Mayor Jiménez de Cisneros, no mucho después de ser construido y habitado en la Ciudad Universitaria de Madrid. Yo preparaba entonces el examen de las asignaturas...
Conocí a Torcuato Fernández-Miranda Hevia en el colegio Mayor Jiménez de Cisneros, no mucho después de ser construido y habitado en la Ciudad Universitaria de Madrid. Yo preparaba entonces el examen de las asignaturas...
Uno de mis íntimos amigos fue Alfredo Sánchez Bella. A veces, y por motivos diversos, una amistad auténtica se enfría y el enfriamiento, sin convertirse nunca en hostilidad, hace que los contactos personales escaseen y lo sean tan solo de educación y cortesía...
La denuncia, muy generalizada, de las autonomías políticas, como una de las causas fundamentales de la crisis profunda que padece España, y que está poniendo en grave peligro su unidad, exige poner en claro que hubo...
Cruz, crucifixión, cruzada y cruzados. Estas cuatro palabras, bien significativas, conviene recordarlas aquí y ahora...
Dijo el conde de Haro a nuestro César Carlos V, que “la memoria debe ser la primera de las virtudes imperiales”, y el Arzobispo de Toledo y Cardenal de la Iglesia, D. Marcelo González, aseguraba que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo, sino fidelidad”...
Un periódico vespertino madrileño rotulaba así, hace días, con grandes mayúsculas su primera página: “MARRUECOS INOPORTUNO”, y añadía “¿quiere calentar el tema del Sahara?”...
A muchos extrañará que cuando el medio ambiente en que vivimos, transpira confusión y desmayo e invita al egoísmo y a la huida, un grupo de hombres de profesión distinta y procedencia varia, se reúnan para hacer en privado y en público una rotunda afirmación de fe y de esperanza...
Es un nombre tan bello el de Teresa, que uno no se cansa de repetirlo. Tres sílabas que se encadenan como una consecuencia propicia para el verso, como un estímulo a la contemplación.
Los que se amedrentan y atemorizan ante las explosiones termonucleares por vía de ensayo y no tuvieron escrúpulos para lanzar la primera bomba atómica sobre los seres indefensos de Hiroshima. Los que condenaron al fuego hombres y ciudades y en Núremberg se erigieron en jueces de los criminales de guerra....
Demasiado atrevimiento quizá el mío al aceptar venir hasta vosotros para hablaros, con ocasión de vuestras grandes fiestas regionales...
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