Privatización y desindustrialización durante la transición

A continuación se explica el caso ejemplar del proceso de creación de un partido político, el PSOE, que se financió desde el extranjero para encaminar la transición española por los cauces que les interesaban a sus inversores, disfrazando el expolio de nuestro patrimonio nacional de democracia y progresismo. Después de la transición, se hizo efectivo el proceso de desmantelamiento industrial que permitiría a los financiadores recoger beneficios y apropiarse del mercado. Aquí están listadas la mayoría de las empresas fundadas, nacionalizadas o participadas por el I.N.I. desde que se aprobó la ley fundacional del Instituto Nacional de Industria en 1941. Todas esas empresas públicas se dotaron de una valiosa infraestructura en las décadas de 1950 y 1960 con los impuestos, la sangre, el sudor y las lágrimas de nuestros padres y abuelos. Sectores como la electricidad (Iberdrola), las telecomunicaciones (Telefónica), la distribución de petróleo (Repsol), la explotación de las minas (Hunosa), la metalurgia pesada (Altos Hornos), la producción automovilística (Seat), el transporte ferroviario (Renfe), naval (AESA) y aéreo (Iberia), la producción y distribución de tabaco (Tabacalera Española)... eran monopolios estatales capaces de proporcionar servicios básicos a precios asequibles, y cuyos beneficios revertían en el Estado. Ahora se los llevan los “mercados”, los inversores, los accionistas. A partir de 1984, cuando entramos en la Comunidad Económica Europea, empezamos a malvenderlas, por poco más de 55.000 mill €, según el propio SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales). Sólo en 2011, Telefónica, Endesa, Gas Natural y Repsol ganaron más de 10.000 mill €. Desde que se liberalizó completamente el mercado eléctrico, el precio ha subido más de un 80%.

Concentración contra el aborto – julio de 1982

Como españoles que por amor a España queremos servirla, y, sirviéndola, que continúe fiel a su Historia y a su vocación; como cristianos, que no queremos ocultar nuestra fe en las sacristías o en los templos, sino dar testi¬monio público de ella, confesándola abiertamente, cuando abiertamente se ataca a los dogmas que nuestro Credo proclama, nos hemos congregado aquí, con la do¬ble condición de cristianos y de españoles, para manifestar nuestra indignación, nuestra repulsa y nuestra protesta apasionada, contra la blasfemia que supone la proyección de la película "Yo te saludo, María", y contra el crimen que supone la despenalización legalizadora del aborto.